enviado al mail
(Francia) Carta abierta de presos: somos el pueblo que lucha para dejar de sufrir
Os escribimos desde una cárcel de la región de Île-de-France (Francia) cuyo nombre no os revelaremos. Nos han acusado, con o sin razón, de saquear, de ejercer violencia contra las fuerzas del orden, de reunirnos ilegalmente, de ocultar nuestros rostros. Somos el pueblo que se ha levantado. El pueblo que sufre y que ahora lucha para dejar de sufrir.
Os escribimos desde una cárcel de la región de Île-de-France cuyo nombre no os revelaremos, para protegernos de posibles represalias y, sobre todo, de las administraciones judicial y penitenciaria.
Somos estudiantes universitarios, estudiantes de secundaria, profesores, desempleados, restauradores, pequeños empresarios, repartidores, gánsteres, de todos los barrios y de todas las ciudades de la región: de Créteil, de Bobigny, de Belleville, de Montreuil, de Bagnolet, de Noisy-le-Sec, de Seine-et-Marne, de Seine-Saint-Denis y de París. Somos de todas las edades, de todos los colores de piel y de todas las nacionalidades; somos árabes, blancos, negros, gitanos, turcos, alemanes, franceses.
Nos han acusado, con o sin razón, de saquear, de ejercer violencia contra las fuerzas del orden, de reunirnos ilegalmente, de ocultar nuestros rostros. Al final, poco importan nuestras circunstancias o lo que pudieran reprocharnos, porque los tribunales se han plegado a las órdenes del macronismo para mandarnos a todos al bote. Aunque las cárceles sean cada cual más insalubre y estén cada vez más hacinadas, ¡mientras quepamos!
Esto nos recuerda hasta qué punto lo que llaman Justicia no es en absoluto una institución independiente, y menos aún cuando el Estado y la burguesía se sienten amenazados.
En la cárcel tenemos el privilegio de poder embrutecernos todo el día viendo BFMTV, CNEWS y los canales de los demás perros guardianes del régimen. La ofensiva ideológica en esos platós de televisión respalda la política represiva de quienes creen gobernarnos. Esta ofensiva está a la altura del miedo que los recorre desde el pasado sábado. Fue una auténtica advertencia revolucionaria. Ahora intentan por todos los medios que nos arrepintamos, que cedamos, disuadirnos de volver los próximos sábados. Silencian el apoyo, el orgullo y todos esos mensajes que hemos podido leer y escuchar estos últimos días, como «me habría gustado estar allí» o «se lo habéis hecho pagar». Quieren hacernos creer que nuestra violencia es comparable a las miles de vidas que el capitalismo destroza a diario.
Si los servidores mediáticos del poder no consiguen definir el «perfil típico» de los insurrectos, es porque somos el pueblo que se ha levantado. El pueblo que sufre y que ahora lucha para dejar de sufrir. Intentan dividirnos, clasificarnos como manifestantes, vándalos, saqueadores, gentuza o miembros de la ultraizquierda. ¡Pero no han entendido que somos todo eso a la vez! Nos unen nuestra rabia y nuestro deseo de revolución. Una revolución que nos devuelva la posibilidad de respirar y de tener esperanza, de compartir y de poner en común. Que nos permita, por fin, decidir cómo queremos vivir. Una revolución que ponga fin a esta humillación que vomita lujo.
Esta rabia social nos empujó a salir a la calle el pasado sábado; es la misma que recorre los pasillos y las celdas de la cárcel donde estamos encerrados. Esta rabia también explica el apoyo y el respeto de los demás presos hacia los insurrectos del 17 de octubre. Tampoco aceptaremos que se nos divida entre presos políticos, por un lado, y presos comunes, por otro, porque este mundo injusto nos ha empujado a todos a las cárceles de este régimen.
Por todas estas razones, os lo decimos con firmeza: ¡no nos arrepentimos de nada! De nada, salvo de no habernos protegido lo suficiente de la violencia represiva que iba a abatirse sobre nosotros.
Por eso llamamos a todas las personas que estáis fuera a seguir resistiendo frente al Estado y a volver a las calles cada sábado, hasta la caída de Macron y de todo su mundo putrefacto.
• Os llamamos a organizaros entre un sábado y el siguiente, a encontraros, a prepararos y a tomar las riendas de vuestras vidas desde ahora.
• Os llamamos a apoyar a todos los presos como nosotros y a todos los insurrectos de aquí y de otros lugares.
• Os llamamos a dejar al margen, en la medida de lo posible, todos los pequeños comercios, para recordar que nuestra justicia popular solo apunta a los más grandes, a los más ricos, a las multinacionales, únicamente a quienes llevan demasiado tiempo robándonos, aplastándonos y despreciándonos.
• Os llamamos a rechazar cualquier división entre nosotros y a afirmar alto y claro por qué luchamos: la revolución.

«Frente a una represión aberrante. Una juventud deslumbrante»