extraído desde Indymedia Alemania y traducido por nosotrxs
(Berlín) ¡Fuego a la industria bélica de la IA! Sabotaje en el CleanTech Business Park de Marzahn
«¿Qué tienen en común la selección de objetivos por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en la guerra de Gaza, las deportaciones forzosas llevadas a cabo por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) y la supuesta prevención de amenazas inminentes por parte de las policías de los estados federados alemanes? Todas imponen un nuevo modelo de dominación sobre las personas, basado en datos y controlado por un puñado de empresas tecnológicas. Se basa en los datos que todxs generamos a diario al utilizar los sistemas de empresas como Meta, X, OpenAI y Google. […] Nuestros datos civiles son un componente indispensable de esta infraestructura civil-militar; dicho de otro modo, ¡no existe un uso exclusivamente civil de tecnologías desarrolladas para fines civiles y militares! Somos parte de la industria bélica de la IA y de la destrucción. […] Ha llegado el momento de […] desertar de la arquitectura de la guerra, saboteando de manera consecuente los diversos procesos y nodos en los que lo civil se entreteje con lo militar».
Nos tomamos a pecho el llamamiento «La IA empieza aquí» y atacamos uno de los ámbitos más sensibles de las tecnologías de uso civil y militar. Mediante incendios provocados deliberadamente¹ en decenas de cables de alta tensión, cortamos el suministro eléctrico al CleanTech Business Park, en las afueras del distrito berlinés de Marzahn, y con ello seccionamos las arterias vitales de varias empresas que, con sus semiconductores y microchips, máquinas de precisión y componentes electrónicos de alto rendimiento, forman el cerebro y el corazón del ataque tecnológico. En concreto, nuestro sabotaje se dirigió contra las naves de producción de Swissbit Germany AG, Finetech y Emerson/Flexim. Las tres empresas fabrican productos de doble uso. Estos se utilizan tanto en ámbitos supuestamente civiles —como centros de datos, la aeronáutica y la astronáutica, la extracción de petróleo y gas, los reactores nucleares, los parques eólicos o la minería— como en casi todos los sistemas de armas modernos. Entre sus clientes se encuentran organismos de seguridad, fuerzas armadas y empresas de la industria armamentística. Incluso un corte breve de electricidad puede dañar considerablemente sus instalaciones de producción altamente especializadas y provocar retrasos de semanas. Eso era precisamente lo que pretendíamos.
Sopesamos durante mucho tiempo si sabotear líneas eléctricas es, en este momento, un medio adecuado para luchar por un mundo distinto y más justo. A la luz de las consecuencias del apagón de enero, causado por el sabotaje de la central eléctrica de gas de Lichterfelde, no tomamos esta decisión a la ligera. Aun así, decidimos hacerlo, ante todo, por el fracaso de otras formas de protesta y acción. Frente a la escalada mundial de las guerras y la carrera armamentista, la extinción de especies, la destrucción del medioambiente, las catástrofes por inundaciones, los incendios forestales, las muertes por calor y el fortalecimiento del fascismo, esas otras formas de acción han demostrado repetidamente ser insuficientes. Creemos que debe acabarse la política simbólica y la buena voluntad. Queremos interrumpir de manera eficaz e inmediata los procesos de explotación capitalista y causar pérdidas económicas tangibles a quienes se benefician de la guerra y de la destrucción ambiental, como ya han hecho otrxs en los últimos meses. Además, la atención que genera una acción así debería perjudicar de manera duradera la imagen de Berlín como lugar de inversión para empresas tecnológicas y armamentísticas. Consideramos que todo esto es urgentemente necesario en este momento y constituye el objetivo declarado de esta interrupción.
En cuanto a la represión y la violencia estatal, también nos parece más seguro recurrir al sabotaje nocturno que, por ejemplo, a las manifestaciones, cada vez más marcadas por hostigamientos, intimidaciones y detenciones brutales. Consideramos peligroso e ingenuo, ante el avance de la fascistización, dejarse detener durante una acción —como hacen otras personas de los movimientos por la justicia climática y contra la guerra— para utilizar los procesos judiciales como tribuna y apelar a la conciencia de quienes ejercen el poder judicial, o confiar en la indulgencia de la policía cuando desaloja bloqueos sentados. Aun así, toda nuestra solidaridad está, por supuesto, con quienes sufren la represión.
Otro criterio para llevar a cabo nuestra acción fue que un apagón —cuyo alcance no podíamos prever por completo— tendría un impacto menor en las posibles personas afectadas que no eran el objetivo de nuestra acción, dadas las temperaturas propias del final del verano. Al elegir el lugar de nuestra intervención, procuramos reducir al mínimo las consecuencias no deseadas. Al fin y al cabo, no nos interesa exigir responsabilidades a la población en su conjunto ni a personas particulares. Lo que pretendemos es responsabilizar y desactivar las instituciones y empresas que alimentan la carrera fatal por hacer posible cualquier avance tecnológico y se benefician de la militarización, para poner freno a la locura de la IA y al belicismo antes de que la próxima escalada militar nos estalle en la cara.
También atribuimos a la clase política la responsabilidad por las posibles consecuencias para terceras personas. Con un rearme masivo y una retórica bélica cada vez más agresiva, esta no deja de subir la tensión, mientras no hace ningún esfuerzo por separar los objetivos militares de la infraestructura civil. ¡Todo lo contrario! Berlín quiere convertirse en una metrópolis de la IA y la industria armamentística. Por toda la ciudad se instalan empresas que, con su armamento y las tecnologías asociadas, se cuentan entre las grandes beneficiarias del cambio de época. Como siempre, a costa de los logros sociales. Ni siquiera se detienen ante las zonas residenciales, como demuestra la fábrica de Rheinmetall en Wedding o los numerosos centros de datos proyectados.
Sin embargo, la interconexión de las infraestructuras civiles y militares no es nueva ni accidental. En realidad, muchas de las cosas que moldean decisivamente nuestra sociedad son resultado de consideraciones de estrategia militar. Quienes gobiernan lo aprovechan deliberadamente para utilizar a la población como escudo y deslegitimar los ataques contra su logística de guerra. Hay que reconocer que esto ha tenido cierto éxito.
Pero ¿cuál es la alternativa? ¿Recoger firmas? ¿Resignarse al destino? ¿Construir búnkeres? ¿No hacer nada y esperar tiempos mejores? ¡Desde luego que no! Sobre todo porque ese privilegio solo está al alcance de una parte muy pequeña de la población mundial.
Por suerte, también hay otras opciones. En la red de dominación digital todavía existen puntos vulnerables, brechas y refugios, de modo que la acción subversiva sigue siendo posible. Y también es imprescindible si no queremos despertar pronto en una distopía tecnofascista en la que todo lo vivo haya sido cuantificado, asfixiado y reducido a una forma calculable y fácil de controlar por el poder patriarcal. Eso es precisamente lo que pretenden algunos de los hombres más poderosos. Tecnologías como la IA les ofrecen posibilidades únicas, sin precedentes en la historia de la humanidad. Lo perverso es que, con cada interacción en el espacio digital, alimentamos sus máquinas y contribuimos activamente a nuestra propia alienación y opresión. Feed tras feed, tuit tras tuit: avanzamos en tiempo real hacia el abismo.
Estas tecnologías devastan nuestro planeta, envenenan nuestras almas y colonizan cada vez más espacios de vida. Además, sirven para amplificar visiones autoritarias del mundo. Son obras perversas y hay que desconectarlas. La forma más eficaz de lograrlo es interrumpir sus infraestructuras y cadenas de suministro. Eso es lo que hicimos anoche en Marzahn. Sabemos que una sola acción no hace una revolución, pero este fuego de esperanza quiere oponer algo al fatalismo de nuestro tiempo y animar también a otrxs a actuar.
Nuestro sabotaje se justifica, además, porque quién prevalezca militarmente en los campos de batalla del futuro y reclame para sí la hegemonía mundial dependerá de quién posea semiconductores potentes y de alta calidad. Aunque todas las guerras y todos los ejércitos sean igualmente repugnantes, la historia nos enseña que más vale que no sea Alemania quien prevalezca. Al fin y al cabo, las fuerzas fascistas de este país ya están listas para entrar en acción y, como demuestra la situación, sus cómplices de los partidos burgueses no dudarán ni un segundo en marchar al unísono por el pueblo y la nación cuando llegue el momento. Son precisamente ellos quienes hoy dotan a los cuerpos policiales de cada vez más atribuciones propias de los servicios de inteligencia, ponen en marcha con el sistema de asilo del SECA un régimen de deportaciones brutal e inhumano, o tienden una alfombra roja a los gobiernos venideros, cubierta de tecnologías de vigilancia y de guerra que habrían hecho palidecer de envidia a los nazis de antaño.
Quien aún no se haya perdido por completo en las burbujas insulsas de los memes de TikTok ya sabe qué consecuencias tiene la interacción entre las ideologías racistas y la posibilidad de que el Estado, basándose en datos, aniquile a etnias y personas «indeseables». Trump, Netanyahu y su homólogo «comunista» Xi Jinping ya lo han demostrado. Para nosotrxs, aquí, esto solo puede tener una consecuencia: hay que impedir a toda costa que Alemania se convierta en una potencia militar plenamente preparada para la guerra y persiga ambiciones de gran potencia militar. Todavía podemos hacerlo. La cuestión es qué precio está dispuestx a pagar cada unx. Ya hemos tomado nuestra decisión y puesto en juego nuestra libertad personal. ¡El «Nunca más» es ahora!
Saboteemos su maquinaria de guerra: ¡contra la agresión tecnológica!
¡Solidaridad, ayuda mutua y acción directa como respuesta a un mundo en llamas!
Un abrazo a ULM5, a Daniel V. y a todxs lxs saboteadorxs anónimxs, aves furiosas, volcanes, luciérnagas, anarquistas, antifascistas y demás…
Lxs hijxs de la ira
(1) Utilizamos artefactos incendiarios de retardo, tal y como se describen en la página 21 del folleto «Espectro de ideas rebeldes». Ya los habíamos probado previamente en diversas condiciones climáticas. Nos parecieron sencillos en su diseño, pero muy fiables.