(Grecia) Las muertes en prisión son asesinatos de Estado por las compañeras Marianna Manoura y Dimitra Zarafeta

extraído desde Indymedia Atenas y traducir por nosotrxs


(Grecia) Las muertes en prisión son asesinatos de Estado

En un período de tres meses murieron diez personas presas en la prisión de Agios Stefanos, en Patras. Estas muertes ocurrieron en un espacio de encierro donde las graves deficiencias en la atención médica eran el denominador común. Diez personas perdieron la vida tras los muros, allí donde el Estado ejerce un control absoluto sobre la vida y la rutina diaria de quienes están presxs. Sin embargo, mejorar la atención sanitaria no es una prioridad para el Estado: se trata como un privilegio, como un elemento más del buen funcionamiento de cada prisión. Agios Stefanos, como la mayoría de las prisiones, no es una excepción.

La ausencia de médicos con plaza permanente es la norma. En el pasado, incluso hubo que recurrir a equipos de médicos voluntarios para brindar a lxs presxs una atención, siquiera rudimentaria. A esta misma situación inhumana, a esta misma atención médica insuficiente, se suma el hacinamiento, que no deja de aumentar. Agios Stefanos, una prisión con capacidad para aproximadamente 340 a 370 personas, alberga actualmente a unas 700. No basta con alimentar y alojar a esas 700 personas: también hay que examinarlas y garantizarles acceso a una atención médica digna, a médicos, cuidados de enfermería, apoyo psiquiátrico y atención hospitalaria cuando sea necesario. En cambio, se enfrentan a la inexistencia de cualquier tipo de asistencia, a la falta de infraestructura y de atención médica: una situación que convierte la salud, de derecho inalienable, en un privilegio por el que hay que luchar.

Mientras las prisiones griegas ni siquiera ofrecen lo básico, llevan años sometidas a un hacinamiento extremo. Este hacinamiento es consecuencia del endurecimiento continuo de la legislación penal y penitenciaria: aumenta la probabilidad de encarcelamiento y disminuye la de salir en libertad. La misma situación se repite en la prisión de mujeres de Tebas. La reciente muerte, en agosto, de una compañera presa volvió a poner de manifiesto las graves deficiencias en la atención médica.

En Tebas no hay un médico internista con plaza permanente; una ginecóloga se ocupa de atender las necesidades médicas de las presas. Los médicos de otras especialidades visitan la prisión una vez cada tres meses, por lo que solo pueden examinar a una mínima parte de las cientos de mujeres que han solicitado una consulta. Tampoco hay médicx de guardia ni una unidad psiquiátrica organizada. Las propias presas cubren este enorme vacío: se apoyan entre sí, cuidan a sus compañeras enfermas y hacen lo que pueden para suplir las carencias de un sistema que debería proporcionarles lo necesario para vivir con dignidad. Esta situación refleja la actitud del aparato represivo del Estado hacia lxs miles de presxs. Esa actitud no es otra que el desprecio absoluto y la indiferencia.

Lxs indeseables, lxs inconformistas, quienes cometen infracciones menores, las personas con problemas de drogodependencia y las mujeres migrantes son arrojadxs literalmente al basurero del sistema penitenciario. Esta población, procedente en su mayoría de los sectores más empobrecidos de la sociedad, se vuelve invisible, queda librada a su suerte y es hacinada en las prisiones griegas, abarrotadas hasta el límite. Personas excluidas quedan tras las rejas sin apoyo ni ayuda alguna. En sus vidas se revela la estrategia gubernamental en nombre de la lucha contra la delincuencia y la seguridad ciudadana. Mientras tanto, navieros, políticos e industriales gozan de inmunidad penal y permanecen fuera del alcance de la justicia. El propietario y responsable del asesinato de las cinco trabajadoras de la fábrica Violanta, el señor Tzior tziótis; el diputado y exministro Makis Voridis, por su implicación en el escándalo de OPEKEPE; y los empresarios Dilian, Bitsios, Lavranos y Hamou, por su implicación en el escándalo de las escuchas telefónicas, son algunos ejemplos de casos en los que la justicia burguesa miró hacia otro lado.

No esperamos encontrar justicia en los tribunales, ni buscamos una justicia más imparcial. Está claro, además, que esta institución fue creada para servir al Estado y al capital, perpetuar la explotación y la opresión e imponer la violencia y el control estatales. Nuestra oposición al sistema judicial y penitenciario es inequívoca.

Pero sabemos que, como presas y anarquistas, no nos quedaremos de brazos cruzados mientras se priva a las personas incluso del derecho básico a la salud. Es nuestro deber luchar y exigir condiciones dignas de prisión para todxs. Pero no limitaremos esta lucha a exigir mejores condiciones de prisión. Nuestras luchas se dirigen contra el encierro como institución en su conjunto, con el objetivo irrenunciable de derribar todas las prisiones.

LAS VIDAS DE LXS PRESXS IMPORTAN

SOLIDARIDAD CON TODXS LXS COMPAÑERXS

EL ESTADO Y EL CAPITAL SON LXS ÚNICXS TERRORISTAS

Marianna Manoura, Dimitra Zarafeta
Prisión de Mujeres de Tebas