Contrainformación anarquista: construir nuestros propios espacios frente a la represión cibernética y las redes sociales

Los medios de comunicación anárquicos han sido fundamentales para expresar, articular, sostener y profundizar nuestros propósitos y proyectos. Por su importancia se han convertido en herramientas imprescindibles y decisivas para la difusión. Sin embargo, existen aspectos que, con el paso del tiempo, pueden ser positivos o disgregar el entramado que los sostiene.

A comienzos del siglo XX, los principales canales de comunicación eran la oratoria, el teatro, la prensa escrita y la fotografía. Lxs agitadorxs avivaban, mediante la voz y la presencia pública, las ideas y prácticas buscando contagiar a lxs demás. Emma Goldman pronunciándose frente a un extenso grupo de personas el 21 de mayo de 1916 en Nueva York constituye una imagen de aquel espíritu que, dispuesto a irrumpir en los espacios, convertía la palabra en acción. La publicación de periódicos también fue esencial para una comunicación orientada a la difusión y al aprendizaje antiautoritario. En 1908, Tierra Libre expresaba que “el periódico es la acción más firme para la propaganda, la defensa y aun el ataque”.

Ya en el siglo XXI, esos canales se transformaron con la incorporación de materiales audiovisuales, sitios web y plataformas digitales. El acceso a la tecnología impulsó a muchxs compañerxs y proyectos anarquistas a incursionar en esta virtualidad. Durante los primeros años aumentó la creación, proyección y circulación de blogs dedicados a noticias, reivindicaciones, actividades, convocatorias y otros contenidos. Pero, ese impulso comenzó a perder fuerza o a desviarse ante la aparición constante de nuevas plataformas más masivas. Los blogs fueron desplazados o quedaron parcialmente superpuestos por la creciente centralidad de Instagram, Twitter y Facebook.

Esta transformación forma parte de un debate que se remonta, al menos, al año 2007, cuando el blog Palabras de Guerra anunció su cierre y denunció “algunos de estos males asociados a internet y propios de la sociedad moderna”. Trece años después, el blog español La Rebelión de las Palabras también decidió abandonar su actividad, debido a la sensación de ajenidad y a la indiferencia experimentada dentro de los entornos anarquistas. Sus editores señalaban que casi nadie se interesaba en enviar convocatorias y reivindicaciones al blog si estas no circulaban previamente por las redes sociales:

“El hecho de que la mayor parte de proyectos en el estado español (centros sociales, ateneos, locales anarquistas o no específicamente anarquistas, pero sí afines a unas fórmulas de auto-organización y un planteamiento autónomo y combativo, colectivos diversos, individualidades…) hayan dejado de utilizar herramientas como este blog para difundir sus proyecciones nos hace pensar que ya no considera estas herramientas como suyas, sino que de algún modo hemos ocupado una esfera de lo ajeno. Cuando vemos que esos mismos colectivos cercanos en la geografía priorizan —cuando no utilizan en exclusiva— las redes sociales como Facebook o Twitter…”[1].

En una fecha cercana, el blog de contrainformación Aleva decidió hacer una pausa. Al retomarlo, sus integrantes explicaron que lo hacían con la convicción de que estos formatos -los sitios web- siguen siendo necesarios para comunicarnos y tienen mucho que aportar a los entornos anarquistas. No eran ingenuos al tomar esa decisión: sabían que las redes sociales habían transformado nuestra manera de leer, de buscar, de establecer expectativas e incluso de definir aquello a lo que estamos dispuestxs a renunciar[2]. Al profundizar en el alcance de esas transformaciones, el blog A las Barricadas difundió una carta con una reflexión relevante:

“Pasamos de la fijación —que algunos aún mantenemos— por el anonimato y disolución de la autoría a ser etiquetados en fotografías que nunca quisimos vieran la luz (…) Cada vez más nos preocupa la pérdida de memoria militante, esto es, la práctica imposibilidad de tener un listado somero de las cosas que realmente hacíamos o la posibilidad de encontrar aquel dato, aquella charla que uno recordaba entre el tráfago absoluto de las redes.”[3]

Coincidimos en que la exposición permanente ha profundizado la pérdida de un sentido iconoclasta de la realidad; es decir, la capacidad de romper con las imágenes y los estereotipos impuestos. La idolatría de las representaciones ha alcanzado incluso nuestros cuerpos, del mismo modo en que antiguamente se rendía culto a una autoridad sagrada. Nos exponemos más de la cuenta para reafirmar quiénes somos ante el púlpito virtual, y las plataformas digitales se encuentran a la vanguardia de ese proceso.

Cada generación ha debido enfrentarse, mediante la coacción o el consenso, a una superficie de “moda” compuesta por imágenes, estereotipos y modelos de conducta. No obstante, internet y las redes sociales han intensificado el deseo de ser vistxs por los ojos del “mundo”. Esto no significa que fuera de esos espacios no existan innumerables expresiones de quienes buscan ser vistxs, escuchadxs y normalizadxs dentro de determinadas imágenes o estereotipos: “súper(héroes) compañerxs”, “anticarcelarixs” o incluso supuestos reductos de acción. Por ello, aunque las plataformas digitales hayan creado un escenario eficaz y ágil para posicionar determinadas pantomimas, este síntoma capitalista también resulta visible en la calle y en los distintos entornos de lucha.

Otro aspecto problemático es la saturación. Millones de usuarixs registran cotidianamente sus comidas, vestimentas, instrumentos, paseos y actividades, a la vez que emiten opiniones breves, irreflexivas o insultantes. La circulación constante de contenidos hace que los acontecimientos relevantes queden mezclados con otros insignificantes. En Facebook se publican millones de fotografías cada hora; en YouTube se cargan grandes cantidades de material audiovisual cada segundo; en Twitter se difunden cientos de millones de mensajes diarios, y el flujo de Instagram no tiene nada que envidiarles a las otras redes en materia de números.

Esta circulación desbordada no debe confundirse con la diversidad o multiformidad de temas que pueden y son necesarios de abordar. Cuando nos entregamos a la voracidad de consumir todo lo que se dice y se hace, terminamos aplicando un adiestramiento que oculta las distintas trascendencias y complejidades presentes en ese abanico de asuntos y acciones. El artículo “¿Cómo se cambia?”, publicado en el periódico anarquista Bezmotivny, reflexiona sobre este problema a propósito de la pasividad de los entornos anarquistas de Alemania ante un llamado a contribuir en la redacción y circulación de contenidos destinados a fortalecer el debate en papel:

“(…) Hay que decir que las discusiones y los debates en papel han perdido, desde hace algunas décadas, el valor y la importancia que tuvieron en el pasado debido principalmente al uso ahora desproporcionado que, incluso entre compañeros, se hace de internet y de las llamadas redes sociales y chats (Facebook, Instagram, Telegram, etc.) (…) En estos lugares virtuales abundan los comunicados, las intervenciones y las respuestas sobre cuestiones de “movimiento”, favorecidas por la inmediatez y por la rapidez de su difusión entre “cientos” o “miles” de contactos (virtuales). No importa que tales intervenciones acaben perdiéndose en el maremágnum de lo digital, enterradas por otros cientos de publicaciones, artículos y comentarios que inevitablemente restan peso y valor a aquellos que tendrían motivos para ser más analizados y discutidos.”[4]

¿Cómo sacar a la luz una información, una reflexión o una acción relevante cuando, en cuestión de segundos, puede quedar sepultada por otros elementos de menor importancia? El constante solapamiento y la banalización de los contenidos dificultan, e incluso vuelven ilusorio, considerar las redes sociales como espacios adecuados para el intercambio de ideas o como archivos capaces de preservar la memoria histórica. Entre la rapidez y la brevedad tenemos pocas posibilidades de estimular una lectura reflexiva que pueda sostenerse en el tiempo, además de que se exacerban los estados de sesgo, reforzados por contenidos organizados en “filtros burbuja”: así se denomina al funcionamiento algorítmico que induce a visitar aquello que, hipotéticamente, coincide con nuestros intereses.

El blog Publicación Refractario, que también puso fin a su actividad, criticó el modo en que los textos son convertidos en imágenes a modo de plantilla. Este procedimiento dificulta su traducción y transcripción y, en algunos casos, obliga a reducirlos para que se ajusten a la extensión limitada de la imagen. Así llegamos a una conclusión: las redes sociales no son simples medios, sino una dimensión del aparato tecnológico que condiciona nuestras formas de pensar, sentir y relacionarnos, y puede generar crisis en la comunicación entre los entornos anarquistas.

A esto se suma el cómo su vigilancia continúa ampliándose. Los datos personales producidos en esas plataformas masivas son incorporados al capitalismo de la vigilancia con fines comerciales. Al mismo tiempo, contribuyen a que el control social adopte formas más digitales y sofisticadas, al poner información a disposición de centros de almacenamiento vinculados con fiscalías y policías. Esto facilita las tareas de clasificación, interpretación y persecución de supuestos delitos.

Resulta significativa la creación, en 2024, del “Detective Heredia”, un software utilizado por las fiscalías en Chile y presentado como una especie de “espía virtual”. La herramienta recopila, procesa y analiza datos obtenidos de las redes sociales, Sofafe y el Ministerio Público, con el objetivo de perfilar a personas sospechosas y convertir a cada una en un “nodo”  dentro de una red de posibles delincuentes. Si abandonamos cualquier ingenuidad, podemos comprender que una herramienta de este tipo también puede emplearse -y probablemente ya se emplee- contra grupos y proyectos autónomos, radicales y ácratas. De ese modo, se agiliza un rastreo político y social capaz de preparar futuras desmovilizaciones y operaciones represivas que excedan el ámbito estrictamente cibernético.

Si las redes sociales no constituyen un canal adecuado y, más aún, si pueden volverse peligrosas para comunicarnos, ¿dónde se encuentra entonces la potencia de un proyecto contrainformativo?

Una parte significativa del internacionalismo anárquico del siglo XXI se relaciona con la información que circula a través de los blogs. Esto puede comprobarse al leer la primera parte del libro Mapeando el fuego, donde distintas páginas de contrainformación reflexionan sobre el papel que han desempeñado y sobre la necesidad de fortalecer redes autónomas de comunicación[5].

Desde 2001, el colectivo Autistici/Inventati proporcionó un importante conjunto de herramientas digitales para enfrentar la vigilancia cibernética, entre ellas, servicios de correo cifrado y sitios web alojados bajo el dominio Noblogs. A partir de ese trabajo han surgido iniciativas afines de divulgación y propaganda que nos han permitido acceder a conocimientos, experiencias y diálogos con compañerxs y proyectos de distintas partes del mundo. El hecho de que el pasado miércoles 26 de agosto Estados Unidos calificara a este colectivo como organización terrorista y que, como consecuencia, sus servidores fueran dados de baja de manera intermitente provocó preocupación entre nosotrxs. No solo por nuestra experiencia como administradorxs de un blog, sino porque una parte importante del archivo y del flujo de información que traducimos, compartimos y recibimos a través de internet depende de estos soportes.

Sin embargo, esta no ha sido la primera amenaza cibernética contra servidores autónomos y sitios anarquistas. En un breve repaso encontramos los reiterados intentos de dar de baja La Haine desde 2004; el ataque contra los servidores de Espiv en 2016; la incautación de los servidores de Nostate por la policía neerlandesa en 2021; la suspensión permanente de Noticias de la Guerra Social en 2022, entre otros casos. A ello se suma la ofensiva contra Autistici/Inventati, colectivo que ya había sido infiltrado y hostigado en 2005, 2007 y 2010[6]. ¿Qué hacemos frente a estas situaciones? Resulta inevitable reflexionar sobre las fortalezas y fragilidades de nuestros espacios de comunicación y plantear propuestas concretas.

Ante este escenario, la contrainformación anárquica se ve obligada a examinar y construir sus propios canales de comunicación. Ese es el lugar desde el que escribimos en este preciso momento. Nuestro blog, iniciado en julio de 2022 y con más de mil entradas publicadas hasta la fecha -entre ellas, cinco entrevistas-, fue dado de baja junto con otros sitios hermanos, como Actforfree, Darknigths, Sansom, Lanemesis, Attaque, Biblioangry y Espaciofenix, entre muchos más, alojados en la plataforma Noblogs. En un primer momento pensamos esperar a que el colectivo A/I resolviera el ataque. Sin embargo, ante la urgencia de continuar difundiendo, de no perder el hilo ni el ritmo, comenzamos a buscar un servidor con altos parámetros de seguridad y, por qué no decirlo, que pueda compartir su espacio con otros proyectos interesados.

Para analizar la actualidad resulta pertinente revisar la historia de la galaxia antiautoritaria a lo largo del tiempo. De ese recorrido podemos extraer una conclusión inicial: el soporte de los proyectos contrainformativos no se reduce a servidores ni a conocimientos tecnológicos, sino que comprende un conjunto de capacidades tangibles e intangibles que, con el paso de los años, nos han permitido reproducir, conservar, difundir y poner en diálogo distintas experiencias desde una perspectiva insubordinada y en contextos diversos. Esta certeza también puede trasladarse a otros ámbitos de la práctica anárquica, donde la precariedad y la voluntad han permitido levantar a pulso numerosas iniciativas.

Nuestra coyuntura, marcada por la caída del proyecto I/A-Noblogs, nos ha obligado a aprender y a dejar de ser espectadorxs en aquellas áreas que nos interesa fortalecer. Sería más cómodo, en términos de tiempo y energía, esperar a que surgiera una nueva iniciativa de alojamiento colectivo. Sin embargo, una breve genealogía de la propaganda anárquica hasta nuestros días demuestra que lxs compañerxs no aguardaron a contar con imprentas en óptimas condiciones para comenzar a publicar periódicos.

Tampoco se detuvieron hasta adquirir conocimientos completos de tipografía antes de contribuir a la difusión de nuestras ideas y prácticas. Lo mismo puede decirse de quienes levantaron radios, bibliotecas, boletines en prisión y un largo etcétera. Todo ello nos lleva a asumir directamente los riesgos de sostener una iniciativa que se declara en abierto combate contra el mundo del poder.

La razón de ser de un proyecto de estas características no se limita a construir una interpretación alternativa de la realidad. Por decisión de quienes lo integran, también busca servir como vehículo de propaganda para el conjunto de las prácticas afines a nuestras ideas. Aspira a operar como un espacio de memoria y solidaridad internacional: conectar conspiraciones dispersas alrededor del mundo, preservar los nombres de compañerxs muertxs en combate o por otras causas; reconstruir procesos, historias e hitos, y evitar que nuestras decisiones aparezcan como hechos aislados. Se trata, más bien, de reconocerlas como parte de una marea antiautoritaria que encuentra voces hermanas en cada rincón de la tierra. Esa es nuestra principal fortaleza. Todo lo demás son conocimientos que, con un poco de curiosidad, podemos ir adquiriendo para levantar nuestros propios espacios de comunicación.

Ahora bien, esos componentes pueden observarse como indicadores susceptibles de evaluación y, a partir de ellos, preguntarnos por la solidez real de nuestra iniciativa. En materia informática, nuestras capacidades son limitadas. Hasta ahora, nuestro esfuerzo se ha concentrado en presentarnos y sostener definiciones claras sobre aquello que nos motiva como individuxs anárquicxs, dejando de lado la posibilidad de aparecer como un medio azaroso o multipolar orientado exclusivamente a obtener visitas e interacciones.

Por tanto, la consistencia de un proyecto podría evaluarse a partir de ciertos elementos vinculados con el tiempo, la voluntad, la claridad y la memoria. Su continuidad exige mantenerse más allá de lo inmediato. Precisamente en ese proceso, sin embargo, vamos perdiendo recursos, enlaces, imágenes y publicaciones que también forman parte de nuestra trayectoria como iniciativa de contrainformación anárquica.

Quizás muchxs compañerxs se preguntan si la contrainformación necesita disponer de un soporte propio en términos absolutos. Al respecto, reconocemos y valoramos la capacidad histórica de los distintos proyectos para crear redes. Pero también se han hecho evidentes vulnerabilidades recurrentes, las cuales han impulsado la aparición de nuevas iniciativas alojadas en distintos espacios digitales.

El escenario actual parece diferir en la forma en que son atacados los sitios anárquicos. Ante esta situación, resulta válido preguntarnos: ¿cuál debería ser la estrategia? ¿Continuar apostando por un servidor colectivo? ¿O dinamizar el ecosistema contrainformativo mediante pequeños núcleos distribuidos en diferentes servidores?

Lxs compañerxs de La Nemesi, en el texto Non ci fermiamo. Sulla continuità de “La Nemesi”, sostienen que la decisión entreguista global también se manifiesta en otros ámbitos de la lucha anárquica:

“Por último, también dicen mucho sobre la propensión de múltiples componentes antagónicos -más allá de su complementariedad más o menos manifiesta en el contexto institucional- a asumir riesgos potenciales en determinados períodos históricos, y sobre hasta qué punto ciertas ideas y prácticas son mal toleradas de forma transversal. La escasa -o, mejor dicho, inexistente- voluntad de defenderlas es también un signo de los tiempos y, por desgracia, no nos sorprende.”[7]

Tras la caída de los servidores de A/I-Noblogs, surgieron en las redes sociales voces contradictorias que afirmaban que la anarquía está en la calle y no en internet. No podríamos estar más de acuerdo con esa afirmación. Pero, ningún proyecto contrainformativo ha pretendido reemplazar la agitación ni la creación de redes físicas por medios digitales. Respecto a nuestro “nuevo” comienzo estamos adentrándonos al levantamiento del servidor afinidad.org para albergar, por lo pronto, al Informativo Anarquista con la dirección:

informativoanarquista.afinidad.org

Para ponerte en contacto con nosotrxs el correo sigue siendo el mismo:

informativoanarquista (a) riseup.net


[1] “Un hasta luego, o quizá, un adiós…”, Rebelión de las palabras,  2020.

[2] “Volvemos a estar por aquí”, Aleva, 2022

[3] “Colabora”, A las Barricadas, 2022.

[4] “¿Cómo se cambia?”, Bezmotivny, n.°12, 17 de julio de 2023. La madrugada del 8 de agosto, en Carrara, lxs compañerxs creadores del periódico, así como algunxs integrantes del Circolo Culturale Anarchico Gogliardo Fiaschi, fueron detenidxs y sus espacios allanados por la policía del Estado italiano. La operación represiva, llevada con gran despliegue mediático, fue denominada “Scripta Scelera”.

[5] Mapeando el fuego. Palabras Internacionales Solidarias con la Conspiración de Células del Fuego (Internacional negra, 2012).

[6] “The Server Called Paranoia: Defend Autistici/Inventati Before September 25”, Sabot Media, 27 de agosto de 2026.

[7] No nos detenemos. Sobre la continuidad de “La Nemesi”, septiembre de 2026.